CUCHILLOS EN PRECAMPAÑA
El patético espectáculo que nos han ofrecido esta semana desde el PP es un claro ejemplo de cómo funcionan los partidos políticos. Y es que estos días, con campaña electoral de por medio, ha saltado a la luz lo que habitualmente se mantiene a oscuras: un sistema de partidos viciado, antidemocrático y en el que priman los intereses particulares frente a los generales. Convertidos en organizaciones cerradas y endogámicas, los partidos se han transformado en el modo de vida para una clase política que no solo da la espalda a la ciudadanía, sino que desprecia su realidad. Gallardón y Aguirre lo han demostrado esta semana. Lejos de servir desde la alcaldía y presidencia de Madrid a la sociedad que confió en ellos, han utilizado sus cargos como amenazas y formas de chantaje para trepar dentro de la organización donde militan. Viboras venenosas y alimañas varias anidan en estas organizaciones donde se valora más la fidelidad al lider, el amiguismo y la docilidad al "aparato" que la inteligencia, la crítica y el trabajo por la ideología que dicen defender. De esta manera, tras treinta años de militancia activa y varias victorias exultantes en las urnas, Gallardón ha sido rechazado para ocupar un lugar reservado a Pizarro, sin carnet del partido pero buen amigo del anterior "jefe".
Visto lo visto, la abstención gana posiciones en cada cita con las urnas y el número de afiliados conforman una cifra cada vez más exigua en unos partidos políticos que lejos de defender la democracia, tal y como nos intentan hacer creer, la dinamitan sin piedad. Lo triste es que esto, ni es puntual, ni sólo pasa en el PP.


