RACISMOS
Desde hace unas semanas se viene hablando con mayor intensidad del papel de los inmigrantes en nuestra sociedad. En este punto, la hipocresía de nuestros dirigentes y sus lacayos, o sea, los grandes medios de comunicación, salen a relucir en un tema muy resbaladizo. Y es que, la dictadura de lo políticamente correcto obliga a decir lo maravillosa que es la inmigración, sin recalar en sus aspectos negativos, que lo queramos o no, también los tiene. Así, si un subnormal mete una patada a una ecuatoriana en el metro de Barcelona estamos ante un rechazable acto racista pero si la víctima es barcelonesa de nacimiento y el agresor barcelonés de adopción, la cosa no puede calificarse como tal. ¿Por qué? ¿A caso sólo es xenofobia cuando el asesino, discriminador o explotador es un españolito de cuna? En ese discurso bienqueda y artificial, cínico hasta la arcada, sobretodo desde la izquierda, se nos presenta al inmigrante como una persona trabajadora, humilde, inocente… a la que debemos de ayudar. Todos los elogios resultan insuficientes con tal que no te acusen de racista o xenófobo. ¡Pues ya esta bien! El inmigrante es gente, gente como tú o como yo, tan racista, vago y delincuente como cualquiera, o más. Por qué… hablando de prejuicios ¿a caso alguien ha visto un chino comiéndose un kebab? o ¿a un negro cenando en un restaurante oriental? ¿Alguien ha preguntado a un musulmán que opina de la homosexualidad? ¿Y qué te diría un ecuatoriano si su hija quiere pasarse al Islam? Aquí y allí, allá y acá, todas las sociedades tienen cierto grado de racismo porque todos somos, de forma diferente, iguales. Y es que, más o menos, todos nos sentimos identificados con una determinada comunidad, y quien intenta entrar en ella nos produce desconfianza. La solución es sencilla y consiste en aprender a convivir en el mestizaje y el respeto al distinto con una misma vara de medir para todos, sean del color que sean: la democracia y el respeto, sin complejo alguno, a los derechos fundamentales. Pero conseguir esto último quizá sea demasiado engorroso para unos políticos mediocres incapaces de gestionar un fenómeno, el migratorio, tan antiguo como la Humanidad. Así , mientras nuestros dirigentes se esconden entre frases que no dicen nada, entre micrófonos cansados de recoger palabrería barata…en las calles de nuestros barrios empiezan a formarse getos, recelos y prejuicios entre los miembros de una clase trabajadora cada vez más multirracial y situada al borde de un precipicio en forma de inminente crisis económica. Ellos prefieren seguir instalados en el discurso fácil de cara a la galería, eso si, en caso de que pregunten, la rumana que les limpia la mierda de su casa por cuatro duros, cotiza a la seguridad social y sólo trabaja ocho horas.