MALAS ARTES
En el primer caso, dos jóvenes que a duras penas superan la veintena y mal trajeados me llaman a la puerta de casa y tras abrírsela se produce la siguiente conversación:
-Buenos días, somos de compañía telefónica, ¿usted ha pagado el último recibo?-me sueltan aceleradamente.
-Pues sí.-les contesto.
-Ha habido una confusión, no debería haberlo hecho. ¿Me deja pasar y se lo explico?-me dicen.
Deliberadamente te hacen creer que estas hablando con unos trabajadores de Telefónica y que ha existido un error en el cobro de la última factura cuando en realidad son comerciales de otra compañía. Oliéndome el pastel intento cerrar suavemente la puerta pero uno de ellos me lo impide con el pie al tiempo que me suelta un “¿Pero vas a pagar algo que no te corresponde?” Mi contestación prefiero omitirla. La empresa que echa a esos buitres a la calle es Tele2, lo se porque algún que otro ingenuo de mi barrio, personas mayores sobretodo, cayeron en la trampa.
El segundo caso me acaba de suceder ahora. Se trataba de una llamada telefónica de otro agresivo comercial, azuzado para vender como un pitbull a morder. Quería endosarme el servicio de Internet que presta Orange. Lo curioso es que hace dos días y exactamente a la misma hora contesté a un señor, que decía ser de una empresa de estadística, las cuestiones de una mini-encuesta telefónica, confidencial me aseguró, en la que se me preguntaba mi satisfacción con mi actual compañía. A ese señor, lógicamente, no le pude ver, pero su voz era tan idéntica a la del rotwailer que acabo de colgar…



